Bromeando al sobrino

Riccardo, mi sobrino, (hijo de la hermana mayor de Max) es un chico de 16 años, buenisima onda, sano, deportista, y claro, adolescente.
Siempre le estamos duro y dale que debería hacerse un mazo de llaves para cuando viene a casa no tenga que timbrar para que le abramos el portón de la entrada, pero el muy flojo nada que lo hace.
Nosotros vivimos en el mismo edificio que mi suegra, ella en el cuarto piso y nosotros en el tercero, por lo que es normal que subamos a su casa (o ella baje a la nuestra) al menos unas cuatro veces al día.

Antier Max subió a ayudar a mi suegra a cambiar unas cortinas, por lo que cuando llegó Riccardo a comer (viene a comer a casa de mi suegra unas 3-4 veces por semana) fué él quien contestó el interfón cuando mi sobrino timbró:

Riiing

Max: ¿Quién es?
Riccardo: Tío, ¿está mi abuelita? he venido a comer, traigo un hambre...
Max: ¿Y yo que sé? te has equivocado y timbraste a mi casa.
Riccardo: ¿De verás? diablos, creía que era la casa de la abuela, sorry tío, ahora le timbro a ella. Ciao.
Max: ciao

Riiiing

Max: diga
Riccardo: Tío! nooo, me equivoqué otra vez, que tonto. Ciao.
Max: ciao

Riiing

Max: ¿si?
Riccardo: porca miseria! tío! ya, soy yo, sorry... err. Juraría que esta vez si timbré a la abuela ¿Tío? (aqui ya Max se retorcía de la risa y no podía ocultarlo)
Aaaaahh! estás en la casa de mi abuelita -.- este...¿me abres? por favor.

Se compadeció y le abrió, luego regresó a casa que no podía ni hablar de la risa que traía, a contarme la bromita que le había jugado a nuestro pobre sobrino. De verdad, pocas veces lo veo reír asi, parecía niño el muy...
La cosa es que podría haberle pedido a Max que le abriera el portón desde la primera vez, visto que podía hacerlo. ¡ay estos niños de hoy...! quien sabe donde traen la cabeza.

Pero confieso que cuando Max me lo contó yo también me destornillaba de la risa.
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