Bueno, dejenme contarles que 'el otro' y yo nos conocimos cuando yo era muy joven y andaba en la onda esa de la cantada, si, YO cantaba (y no lo hacía mal ¿eh?).
Total que 'el otro' era el tecladista del grupo donde vine a parar, un montón de mocosos que se creían los Beatles resucitados.
'El otro' y yo comenzamos a salir y después de un tiempo decidí(mos) que ya era hora de hacer las cosas ''en serio'' y nos (¿o me?) lanzamos a la aventura de vivir juntos. Estábamos enamorados, jóvenes y con mil proyectos en las maletas cuando llegamos a nuestra primera casa.
La cosa no funcionó como esperábamos, pero el caos no fué inmediatamente, sino tres años después. Peleábamos en continuación, inconscientemente nos habíamos declarado una guerra de poder entre los dos, a ver quien podía más, a ver quien mandaba al otro más, a ver quien decía la última palabra en una discusión.
Fué una época díficil para mi (y estoy segura que para él también), donde la única cosa que nos mantenía unidos era el terror a quedarse solos.
Por ese tiempo él comenzó a beber más de la cuenta, no había fiesta, reunión o tocada (con el grupo musical, malpensados) que no terminara con él borracho y yo llorando porque me había insultado, me sentía sola o simplemente por el deseo de arruinarle la fiesta. Llegamos casi a los golpes, digo casi porque aparte de un empujón la cosa no pasó a más. Pero la violencia psicologica era la más extenuante, las palabras hirientes, los gritos, los azotones de puerta...las ausencias. Dolían igual o mas que si la hubiéramos emprendido a golpes el uno contra el otro.
Odiaba cuando se iba de casa, después de una discusión normalmente. Me dejaba con el alma encendida de rabia, el corazón destrozado y llorando sin parar por tres o cuatro días. Para luego terminar en la misma cosa: Yo que lo buscaba y le rogaba que volviera conmigo, aún cuando la discusión hubiera comenzado porque él estaba borracho o por alguna mala onda que me había hecho. No había vuelta de hoja, era yo la culpable, la que rogaba, la que prometía que cambiaría, la que aceptaba toda la culpa con tal de volver a tener su presencia en casa.
No siempre era así. A veces los amigos me hablaban con los típicos ''no seas tonta, no te dejes, ya estuvo bueno, reacciona!''. Entonces yo me hacía la fuerte y no lo buscaba, esperaba que viniera él a mi y me convenciera de que -otra vez- había sido culpa mía, que era yo la neurótica, que dejara de ser una niña y me comportara de mujer adulta, que él tenía derecho a vivir y a que se le respetaran sus decisiones (llamése el emborracharse 2-3 veces por semana). Y yo, como manso corderito regresaba al matadero.
Estuvimos en esta situación por más de un año. Intendando remendar los hilachos de lo que llamabamos ''vida de pareja'' y hundiéndonos cada día mas en el odio y la desesperación. Hasta que él decidió que era suficiente y aprovechando de una de nuestras típicas alegatas, se fué de casa y no volvió más.
El mundo se me vino abajo, literamente me derrumbé. No comía, no dormía y me estaba deshidratando de tanto llorar. Entonces tomé la decisión más estúpida que he tomado jamás en mi vida: Decidí morir.
Obviamente no resultó, puesto que heme aqui diez años después de que aquello pasó, a miles de kilometros de distancia, casada con un italiano, con una familia hermosísima y llena de bendiciones. Muchas cosas han cambiado, siento como si algo me hubiera hecho darme vuelta como un guante y me ha cambiado en todos los aspectos de mi vida. Me siento fuerte, los problemas de la vida si bien algunas veces son como para derrumbar un caballo, los afronto desde una perspectiva diferente, con la certeza de que tarde o temprano saldré también de esa.
En el camino he perdido una de las personas que más amé en esta vida, mi madre. Pero sigo adelante. Mentiría decir que es mi esposo y mi familia quienes me han dado la fuerza para ello, si bien ellos han sido parte fundamental en este largo proceso, siento sin duda que la fuerza y la tenacidad las he sacado desde dentro de mi misma, siempre estuvieron ahí, pero de alguna forma las había escondido tan bien que hubo necesidad de escarbar hasta el fondo para encontrarlas.
El tiempo, todo lo cura.
Me he enterado leyendo el blog de una amiga, que está pasando por momentos difíciles y yo desde aqui quiero mandarle toda la buena vibra de la que soy capaz. Nancy, amiga, ¡echéle ganas! te puedo asegurar que entiendo perfectamente como te sientes y aunque mi experiencia no te ayudará de nada, solo te puedo asegurar de que saldrás de esta tarde o temprano, te lo prometo.

guau!!!
ReplyDeletelo importante es que tienes una linda familia ahora y que de los golpes de la vida se aprende y se crece
Saludos
Hola Blo,
ReplyDeleteNo hace mucho que conocí tu blog, pero es hoy cuando, recopilando algunas de tus maravillosas fotos en Pinterest, he llegado a este post.
Te entiendo, sé lo que es no poder acabar con una relación destructiva por el pánico a no ser nada sin él. Hace poco descubrí lo que me pasaba ¿por qué no nos enseñan esto en la escuela en lugar de tener que escuchar en la radio canciones que dicen "Sin ti no soy nada" y "Moriría por ti" y ver en la tele películas donde el final feliz es estar con el chico?
Te recomiendo este enlace: http://www.psicoterapia-breve.com.ar/dependencia_emocional.php y el libro "Mujeres que aman demasiado". Espero que te ayude a comprender mejor por qué, para mí fue un alivio saberlo.
Besos,
Hola Julia, tu no sabes que alegría me da el encontrarme con comentarios en viejos posts. Es como si algo me dijera: Hey, que no todo lo que escribes se queda en el saco del olvido.
ReplyDeleteMil gracias por pasar y mil gracias por 'pinterearme'.
El libro que mencionas lo leí hace mucho tiempo, el enlace ahora mismo voy a verlo.
La cosa curiosa es que una de las cosas más maravillosas que me trajo el haberme separado de esta persona fué el haber tenido la oportunidad de que una vez recuperada pude trabajar en una ONG que ayuda las mujeres víctimas de maltrato familiar. La mejor experiencia de vida que he tenido.